Primer fragmento de "Sangre Oculta"



Capítulo III - Juramento indeseado

(...)

Lari se encontraba en el piso inferior de la biblioteca. Pasaba y pasaba pasillos mientras las estanterías creaban sombras debido a las grandes cristaleras que aportaban luz solar, iba casi corriendo cuando de pronto se detuvo. Otra vez. Ahí estaba, en una de las largas sombras proyectadas en el pasillo. Esa silueta, ese hombre que parecía enorme. A Lari se le disparó la adrenalina y el corazón empezó a avisarle de un próximo infarto como no se tranquilizara. Entonces recordó el compromiso que se hizo esa mañana: lo iba a empezar a afrontar todo. Con cautela se acercó un poco más a la oscuridad.

—¿Qué quieres de mí? ¿Quién eres? —preguntó con la esperanza de que además de asustarla, supiera cómo hablar. No hubo suerte—. ¿Qué significa ese símbolo?


Entonces la silueta desapareció, como agua evaporándose, no dejó ningún rastro de su existencia, excepto el símbolo, que al segundo desapareció también. Al igual que en el mueble de su salón, la estantería había quedado marcada por la presencia de ese ser. Todavía tenía el pulso acelerado cuando sin saber muy bien por qué, cerró los ojos y puso la mano izquierda en esa estantería.

Los dedos empezaron a chocar con los dorsales de los libros mientras caminaba hacia adelante, como si en vez de la necesidad de leer cada título, necesitara sentir una conexión con el libro adecuado. ¿Qué estaba haciendo? La mano iba sola, los dedos sentían el contenido de cada palabra, de cada página de cada libro. Era maravilloso, nunca había hecho algo así y estaba fascinada por el sentimiento de estar haciendo lo correcto. De repente, la mano se paró y dejó de sentir ese cosquilleo que le recorría todo el brazo. Abrió los ojos y con nerviosismo sacó el libro elegido para observarlo. No se podía creer lo que tenía entre manos.
(...)


Sangre Oculta
Beatriz Blanco Fuentes

0 comentarios:

Publicar un comentario