Un poquito de mi libro:



Capítulo XIII - Identidades

Todo era perfecto. Desde el sonido de la cascada hasta el brillo en los ojos de Zarek. Lari nunca había sido capaz de escribir un diario, no se le daba bien expresar sus sentimientos y mucho menos con tinta. Aun así, la tarde pasaba tan fácilmente que todo le parecía sencillo ahí tumbada junto a él. Cayeron en silencio; de esos que enamoran, que hacen que los minutos pasen como horas y las horas como días. Se miraban fijamente mientras Zarek le recogía el pelo detrás de la oreja. Lari iba redactando mentalmente aquello que escribiría en su diario aquella noche si tuviera uno:

<< Querido diario,
Hoy he aprendido que no todas las tormentas traen lluvia. Que dentro de cada oscuridad siempre hay una luz que nos guía a cada uno allá donde queremos ir. En mi caso, él es mi luz. No encuentro consuelo más que cuando estoy con él. Está siendo una etapa muy difícil para mí y siento que sin contarle palabra de todo lo que me ocurre, con una simple mirada me transmite compasión
y seguridad ¿Cómo es posible? Quizás él también esté en un momento complicado de su vida y hemos sabido cruzar nuestros caminos con el fin de empezar a recorrer uno juntos. Todo es nuevo y extraño.
Lo único que soy capaz de reconocer son sus caricias, con las que me hace saber que hay una sensación que llena más que la inseguridad; o sus susurros, con los que es capaz de decírmelo todo en menos de dos palabras. Siento que le conozco de hace mucho tiempo, aunque sea poco; que en el fondo somos iguales,que él también busca a alguien que le aleje de todo lo demás.
Él es mi luz.
Me da miedo que todo sea un teatro; que llegue septiembre y se cierre el telón, que Zarek sea un mero actor en una escena sin importancia. Me da miedo el hecho de que toda luz crea sombras.
Quiero más momentos como éste a tu lado. Quiero que seamos uno. Eres yo, soy tú. >>


Sangre Oculta
Beatriz Blanco Fuentes

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