Una lágrima por ti



Estoy tumbada en la cama; tengo que estudiar, pero las ganas de ello han ido disminuyendo conforme el dolor de cuello iba aumentando en esa maldita silla de estudio. No he sacado todavía nada en claro: los nervios del examen siguen aquí conmigo, la presión de los apuntes persigue mi cabeza y allá donde miro no hago más que ver estrés. Solo sé que una cosa sí es definitiva: Odio las matemáticas. 
Está claro que lo mío es la pluma y el papel, pues los números nunca llegan a tener sentido en mi cabeza. 


Si me preguntáis el por qué me da por escribir ahora una entrada os respondería con un solo nombre, ya que es esa persona la que me ha inspirado, pero como todo lo bonito tiene un misterio oculto, voy a dejarlo así, en la oscuridad sin desvelar su identidad. 



Mientras estaba pendiente de terminar mis estudios, el teléfono ha sonado y cuando lo he descolgado he reconocido inmediatamente su voz, pero esta vez con un matiz diferente: estaba llorando. Los sollozos adornaban el timbre de su entonación mientras repetía mi nombre en busca de apoyo. No podía ver la cara que se ocultaba al otro lado del teléfono, pero bien sabía que sus mejillas estarían en esos momentos cubiertas de lágrimas. No era justo, la historia que me estaba contando no era plato de buen gusto para nadie y no se merecía pasar por algo así. 



Desde mi punto de vista uno de los peores sentimientos a los que uno se puede enfrentar en algún momento es la impotencia. Querer y no poder es de las realidades más demoledoras de esta vida. Pero cuando alguien está en su capacidad, tanto física como mental, al 100% para poner solución a algo y no lo hace, ¿a qué está esperando? ¿Lo estás tú? Supérate, llega a lo más alto, deja que tu límite sea el cielo.



Si vas mal en los estudios tírate horas en la mesa, si estás mal con tu pareja llámala y arregla cualquier problema (nunca dejes que el orgullo gane una batalla); si tienes peleas con tus amigos, razona; si tienes una situación inestable en casa, piensa. Piensa en todo lo que podrías hacer para ayudar a cualquier persona dentro de esas cuatro paredes para seguir adelante, pues todos necesitamos un empujón de vez en cuando, ya tengamos 22 o 39 años. 

Pero sobre todo, ¿qué es lo primero que tienes que hacer?: Dejar que te ayuden. Si uno no recibe la ayuda suficiente llegará el momento en el que no le sobrará para repartir con los demás. 


Haz lo que has hecho hoy, llámame cuantas veces sean necesarias, grita mi nombre si es preciso, cualquier día a cualquier hora estaré para ayudarte; porque mientras tú derramas lágrimas por pena, yo derramaré una lágrima por ti. 






2 comentarios:

Angie Sonríe dijo...

Preciosa entrada, Beatriz. Está cargada de sentimientos; espero que esa amiga o amigo que te llamó esté mejor.
Besitos ^-^

Beatriz Blanco Fuentes dijo...

Es todo un detalle Angie! :) Muchas gracias por pasarte por mi blog!
Un besote! :D

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