¿Jefe o líder?


Érase una vez un reino situado en un precioso valle; era gobernado por un perezoso y exigente rey; éste no hacia más que crear sus riquezas a base del sufrimiento de su pueblo. 

Todos los días, para que el reino pudiera subsistir, era necesario salir a cazar. Y el rey desde su ostentosa silla ordenaba la partida de ocho hombres al bosque para ello. Dicho paraje estaba lleno de peligrosos animales que dificultaban la caza. Diariamente volvían a casa la mitad de los hombres que originariamente habían partido, y además le tenían que proporcionar al rey más de la mitad de lo cazado, para repartir las sobras entre todo el pueblo. No era justo. Las lágrimas de las mujeres de los cazadores, el sudor de éstos y el hambre de los niños era lo que llenaba la tripa del rey.

Un día su hijo, el príncipe, se cansó de la situación y salió enfadado de sus aposentos para hablar con él:

- ¡Padre! ¿Por qué tratáis así a nuestro pueblo?
- Porque es así como debe ser hijo mío, yo estoy por encima de ellos, yo les mando, yo soy su líder.

Después de unos segundos de meditación el príncipe contestó:

- No se confunda padre, un líder es aquel que suda el primero a conjunto con el sufrimiento de sus seguidores, el primero que ha de encaminar la marcha hacia terreno peligro, el primero que ha de dar ejemplo; y todo ello, estando a su misma altura. 

El rey, enojado, no daba crédito a lo que escuchaba.

- ¿Cómo te atreves?
- Usted padre es un mero jefe de este reino, se sienta es su silla de oro y piensa que dando órdenes todo irá bien. No es un líder.

El príncipe había dejado clara su opinión. Le dio la espalda a su padre y empezó a caminar hacia la puerta.

- ¿A dónde vas?- Le preguntó el rey entre gritos.
- De caza.- Respondió, mientras cogía un arco y unas flechas.




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